Yo consumo, tú consumes, ella consume, vosotras consumís

… y yo cada vez menos. En la vorágine de las rutinas de consumo que nos esclavizan y adoctrinan participo necesariamente pero cada vez menos. El tren no para pero yo salté en una parada de la maravillosa década de los treinta, un momento mágico para ponerle freno a los absurdos y entre todos quizá el más grave y doliente sea el del consumo desaforado de estos tiempos. Soy exfumadora, ex omnívora, ex juerguista, ex consumidora… y cuanto más soy ex, mejor me siento y ratifico como “vividora”. Vivo mejor con menos. Vivimos en mi familia y bien, más que bien y quizá porque nos encanta nuestro nivel de elección. Elegir, un lujo que puede ser inapreciable. No desaprovechemos nuestras oportunidades de no consumir. Hablo de realizar un consumo consciente y sostenible siempre, sí, pero también de aprender a decir no. ¿Necesito un coche nuevo? ¿Puedo permitirme un coche eléctrico o híbrido? Ahí, en ese punto, es cuando hay que hacer el esfuerzo entre consumir de forma consciente y comprar un coche para el futuro, esperar con nuestro coche viejo a poder comprarlo, optar por un coche de segunda mano ya que el nuestro no pasa la ITV o comprar uno nuevo normalito que continúa emitiendo CO2 y consumiendo combustible fósil caro y contaminante. En realidad es sencillo. ¿Necesito ropa nueva? ¿Puedo permitirme comprar ropa certificada ecológica y de comercio justo? Volvemos a elegir entre apostar por vestir de forma coherente a nuestros valores aunque tenga un precio más justo y por tanto elevado, esperar a la siguiente temporada, comprar alguna prenda de segunda mano cooperando con proyectos éticos o comprar alguna pieza baratita en esas tiendas multimarca que esclavizan seres humanos y pervierten nuestros deseos convirtiéndoles en necesidades. Yo elijo, ¿tú aún no elijes?

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