YAGANAT, COOPERANDO CON LA NATURALEZA

En los montes de Cantabria, cuanto más pindias son las cuestas, más frondosos los bosques y más limpio el aire menos cuesta sentirse en equilibrio con la naturaleza. En una calle asfaltada, caminando entre gente estresada y orquestados por un concierto de cláxones es más difícil sentirse hijas de la madre naturaleza. Pero lo somos y en todas hay una conciencia colectiva con la que hay que reencontrarse. En uno de estos lugares casi sagrados de nuestra geografía donde llegan por suerte pocas personas, menos coches y se respira espiritualidad, viven Diego y Arancha, una pareja con los pies en la tierra y el espíritu con dios. “Yaganat es un nombre de dios, uno más, todos son la propia naturaleza. Estuve nueve años como misionero en la India. Aquí nos han inculcado que hay que vivir y que te quiten lo bailao. Allí aprendí que la vida es un préstamo, el mundo en sí lo es. Como entidades vivientes que somos debemos cooperar con la naturaleza para que cuando volvamos, encontremos este mundo igual o mejor. Nosotros colaboramos con la naturaleza, plantando árboles y cuidando una finca que compramos quemada por químicos y hemos recuperado para convertirla en ecológica”. Llevan 17 años afincados en esta finca privilegiada por su presencia ya que con su trabajo diario la han dignificado y puesto en valor. “Cuando comenzamos, nadie creía que cultivar en ecológico pudiera llegar a ser rentable en Cantabria. Ahora ya sí. Comenzamos con huerta y poco a poco sembrando frutales. Hemos recuperado totalmente la finca que, encontramos en el periódico muy barata, y nadie quería porque era muy pindia y estaba en mal estado. Para nosotros este rincón ha sido el hogar en el que criar a nuestros hijos y desarrollar nuestras tareas. Al principio mantuvimos trabajos externos y los dejamos poco a poco hasta llegar a ser autosuficientes gracias a los frutos que iba generando nuestro trabajo. Hace 17 años nos dimos de alta como productores ecológicos con el número 60. Los 59 inscritos hasta nosotros eran todos ganaderos ecológicos. Fuimos los primeros dados de alta como huerta”. Con su buen hacer y coherencia en todos los planos, Yaganat que, es como se llaman su finca y productos, se ha ganado un prestigio en el sector ecológico no sólo a nivel local puesto que sus conocimientos han sido requeridos para dar cursos en diferentes puntos de la geografía nacional.

 

Su espíritu colaborativo trasciende en todas las áreas de actuación. “Elaboramos mermeladas con nuestros frutos pero también para otras fincas. Hemos hecho de mango para unos productores de Málaga. Hay que cooperar. Vendemos en Cantabria y mucho en el País Vasco, pero también en Madrid y otros lugares. Somos autosuficientes y estamos abiertos a propuestas. Ahora por ejemplo estamos embotellando zumo de arándanos y manzanas que es un producto nuevo y buenísimo”. En Yaganat se valorizan todos los momentos de la elaboración. Se siembra, cuida, recoge y elabora con conciencia pero también se cuidan cómo son los insumos con que nutrimos nuestra tierra. “En ecológico se puede caer en el desequilibrio de aportar a la tierra insumos que sean certificados orgánicos pero explotadores como los convencionales. Un ejemplo sería el hummus de lombriz: para alimentar un cultivo de lombrices hay que explotar los bosques, con lo cual, sí obtenemos un producto certificado orgánico, pero… ¿realmente lo es?”. Coherencia, equilibrio, espiritualidad, salud y sabor en un bote de la marca Yaganat, el dios de la naturaleza.

 

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