SHANTI SHANTI SHANTI OHMMMMMMM

Haces el amor, liberas energía, te aseas, vistes y preparas un zumo de limón con mucha agua para ir bebiendo poco a poco mientras organizas la agenda del día. Coges una manzana y llegas mordisqueándola hasta uno de los lugares con más paz en tu vida. Son las 7:30 am y tomas posesión de tu esterilla en un sitio que rezuma equilibrio y bienestar. Estás tú, contigo, plenamente. Las voces interiores que reclaman tu atención empiezan a parecer susurros y poco a poco se acallan. Te ha llevado meses conseguir un mínimo silencio en tu mente, de hecho a veces aún te resulta imposible desconectar y rechazar cualquier estímulo exterior que te impida viajar por tu interior y descubrirte. Lo que descubres es un cuerpo descuidado y maltratado por el sedentarismo que apenas recuerda la cantidad de músculos, tendones y huesos que interconectados nos llevan y traen por esta ajetreada vida. Semana tras semana, con la práctica continuada y consciente de las asanas, parece que pesa menos la carne y es más ligero el movimiento. Desentumecemos cada milímetro y nos sorprendemos con torsiones imposibles que poco a poco no lo son tanto. Por descubrir, incluso descubrimos que respiramos oxigenando cada movimiento y acompasando el ritmo de nuestro esfuerzo y relax con inhalaciones y exhalaciones que por exceso de naturalidad dejamos de valorar. Pero respiramos porque es vida, vital y aprender a controlarlo nos ayuda a conectar mente y cuerpo armónicamente. El yoga es un aprendizaje continuo y cada práctica una guía hacia un bienestar más pleno y feliz. Shanti, shanti, shanti oohhhmmmmmm De vuelta a las rutinas llego a tiempo para dar un beso a mis pequeñas en la cola del colegio e ir a desayunar con mi pareja. Vivir es un privilegio.

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