¿Que puedo hacer con mi huella ecológica?

Cultura inquieta. Espíritu inquieto. Curiosidad. Viajar y por cada destino una chincheta en el mapa de este mundo con un cielo inmensamente bello que entre muchos “inquietos” como yo estamos llenando de estelas de contaminación con un efecto global ya imborrable. Y me avergüenzo de haber contribuido excesivamente con mis viajes a este daño irreparable al medio ambiente. Es mi huella ecológica. Es mi bochornoso paso por este mundo a toda velocidad el que está hipotecando el futuro de un planeta que deberíamos legar igual o mejor que como nos le dieron. Le hemos disfrutado en estos últimos 50 años abusivamente con prácticas industriales muy agresivas, explotaciones de efecto devastador, exprimiendo todos y cada unos de los recursos naturales que hemos aprendido a utilizar y así llegando a convertir en ocio y a nosotros en turistas, la afición por ir de un país a otro abusando de su patrimonio natural con indolencia y satisfacción sintiéndonos turistas cuando éramos invasores. Nuestra huella ecológica. ¿Qué hacemos con ella? ¿Seguimos viajando? ¿O deberíamos conformarnos con visitar el mundo de forma virtual? Quizá sí. Viajar con transportes que funcionen con energías renovables, alojamientos que reciclen edificios existentes o se edifiquen con técnicas de bioconstrucción, exigir que los anfitriones turísticos estén bien remunerados en su trabajo, comprar artículos de producción justa y con criterios ecológicos, elegir alimentos locales y orgánicos… Sí, un turismo más sostenible es posible y deseable pero priorizando destinos próximos, pues si continuamos atravesando el planeta de norte a sur, seguirán las nubes desdibujándose al paso de los miles de aviones diarios que transportan a ecologistas que, como yo, llevamos en nuestro pecado la penitencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *