El negocio de la energía

Rosa Martínez, Diputada en el Congreso de EQUO

El mundo no puede entenderse sin energía. A medida que las sociedades se han ido haciendo más complejas, la energía ha ido cobrando más y más importancia en la vida de las personas y en el mantenimiento del sistema social y económico. A día de hoy, la energía es elemento que vertebra nuestra vida diaria y nuestro sistema productivo. Por lo tanto quien genera, distribuye, comercializa y regula la energía tiene un gran poder sobre el resto de la sociedad, por no hablar de quienes poseen las fuentes de energía.

Aunque regulado y controlado por los estados (en mayor o menor medida) el negocio de la energía es a día de hoy un coto reservado a unas pocas, pero grandes y poderosas empresas que tienen gran influencia sobre los gobiernos y las políticas. Hasta hace unas décadas, nuestra sociedad se nutría de la energía producida en grandes centrales a partir de materias primas que había que comprar y, salvo el carbón, traer de lejos (petróleo, gas, uranio).

Hoy la tecnología permite que las personas produzcamos nuestra propia energía sin comprar las materias primas (usando el sol y el viento) y sin pagar por la producción (con nuestra propia instalación). Esto es una revolución que obviamente va a reducir el gran negocio de las empresas eléctricas.

Porque seamos claros, las renovables, la lucha contra el cambio climático, la eficiencia energética son ya parte del discurso de las grandes empresas (“Iberdrola lleva el verde en su ADN” le oí el otro día al director de Iberdrola España) y claramente su nueva línea de negocio. Eso sí, mientras sean ellas quien controlen la tecnología, la producción y la distribución.

La verdadera amenaza hoy para el negocio multimillonario de la energía es que la ciudadanía sea usuaria de energía y no consumidora, que produzca su propia energía en su casa o a través de una cooperativa. Desde esta perspectiva, podemos entender muy bien cómo y por qué el gobierno actual, para proteger los intereses del oligopolio ha legislado contra el autoconsumo eléctrico o eliminado las primas a las renovables de las que se beneficiaban principalmente pequeños y medianos productores.

Cuando hablemos de transición energética, que junto a las renovables y la eficiencia, la tercera pata es la democratización.

 

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