LOS MOLINOS NO IMPULSAN EL DESARROLLO RURAL

Zapata de 2m.x50m.x48 metros, del molino de Celada Marlantes (150m. de altura) para la que se utilizaron unas 40 TN. de ferralla y 425m3 de hormigón.
Zapata de 2m.x50m.x48 metros, del molino de Celada Marlantes (150m. de altura) para la que se utilizaron unas 40 TN. de ferralla y 425m3 de hormigón.

José Miguel Martínez Postigo

Presidente de la Plataforma para la Defensa del Sur de Cantabria

surdecantabrianatural@gmail.com

 

Los parques industriales eólicos, no han impulsado el desarrollo rural, así lo demuestra un estudio realizado en Galicia; más bien al contrario, acarrean graves impactos socioeconómicos negativos, que afectan a los ya asentados en el territorio. En Cantabria, no se han evaluado previamente, ni en el PSEC 2014-2020, ni en el PROT, que debería haber sido la base de su planificación hace ya 14 años.

Entre tales impactos, sin ánimo exhaustivo, podemos destacar:

  1. Ocupación y deterioro de gran superficie de territorio. Debido al enorme tamaño de los molinos, de hasta 175/180 metros de altura, se necesitan unas superficies de giro que pueden llegar a varias hectáreas, a lo que hay que sumar las pistas, tendidos de alta tensión, subestaciones, etc.
  2. Apropiación durante al menos 20 años de los montes comunales, propiedad de los concejos, por las grandes multinacionales eléctricas impidiendo o dificultando otros posibles usos.
  3. Depreciación del valor de las viviendas, entre el 28-46%; imposibilidad de su venta o alquiler; renuncia a su rehabilitación y no construcción de otras nuevas; abandono de las viviendas a causa del ruido, de los problemas generados en la salud y de la pérdida de calidad de vida.
  4. Afección a valores patrimoniales culturales, naturales y paisajísticos, que disminuye las posibilidades dinamizadoras de sectores como el turismo rural, caso de los valles pasiegos o del Románico del Sur. Descenso del turismo estimado en un 15-20%.

Lo eólico no es, diga lo que diga el reclamo, “energía verde”, son instalaciones industriales, no “parques” o “granjas” como se maquillan, implantadas en terreno rústico, con las que las grandes corporaciones generan -para venderla cara- energía eléctrica; los proyectos son impuestos sin información ni debate previo, y, además, el ciclo de vida de tal energía exige recursos no renovables, como toneladas de hormigón, estructuras metálicas, cobre, lantánidos, aceite,… que, unidos a los destrozos causados por los molinos, las pistas, las líneas de alta tensión, las subestaciones, … deterioran la calidad de vida y favorecen aún más la despoblación del mundo rural.

 

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