Las Lindes, volviendo a la tierra

Roberto Martínez.De administrativo a agricultor ecológico. De persona con dudas a hombre feliz. EL trabajo nos dignifica en la medida en que lo realicemos con dignidad, y desde luego, la agricultura ecológica permite a quien la elige disfrutar además de vivir. “No se trata sólo de sustituir las técnicas de la agricultura convencional por otras iguales pero sin químicos, que está muy bien y es un primer paso. Se trata de ser conscientes, respetar la tierra, ir al compás del lugar donde está tu finca, interviniendo lo menos posible en la tierra y hacer tu trabajo cada día con atención y respeto”.

Roberto aprendió lo básico en un curso de agricultura ecológica del CIFA, y lo fundamental en la finca de sus amigos de “Yaganat”. Se especializó diseñando y trabajando una finca de 1 hectárea en la Bien Aparecida, Ampuero. Su aventura comenzó en el 2008. “La puesta en marcha de la huerta fue una etapa de crecimiento interior increíble. Mucho esfuerzo físico sin duda, pero el contacto diario con lo “real”, con la tierra, hace que cuando estás en la finca trabajando, en realidad estás en meditación”.

Roberto ha conseguido vivir de lo que le genera bienestar y salud. Su proyecto ecológico, Las Lindes, reparte unas 50 cestas semanales en las que hay alimentos de la huerta de temporada recién recogidos pero también otros como aceite, legumbres, yogures… Complementa con productos certificados, de origen local o con el menor kilometraje posible. “En Cantabria somos aún bastante individualistas, nuestro reto es unirnos, cooperar para dar salida a nuestras producciones e incluso realizar planes de cultivo conjuntos. Es posible. De hecho ahora estamos trabajando para formar una cooperativa en la que colaborando más personas y con un reparto efectivo del trabajo, podamos dedicar más tiempo al trabajo en las fincas, que a mí es lo que me hace feliz, y menos a las tareas de venta y otras tareas también necesarias y nobles”.

Gente joven con ideas jóvenes para un sector agroecológico que está en crecimiento y que es un óptimo yacimiento de autoempleos. Los valores de la agricultura ecológica pasan por producir sin químicos no sólo por nuestra salud, sino también por la sostenibilidad del entorno natural, y la dignidad del trabajador y su derecho a la salud en la jornada laboral.

 

“Muchas veces, que no siempre, un tomate ecológico es más caro que uno convencional, ¿pero es realmente más caro? Un compañero, Pablo, decía siempre que habría que valorar el kilo de nutrientes. En ecológico ahorramos en químicos, pero invertimos muchas más horas de trabajo en las labores, como controlar a mano las hierbas adventicias. Otro tema sería si al agricultor convencional se le paga un precio justo por su trabajo. Hay que valorizar el trabajo del agricultor y dignificarlo”.

Un alimento con residuos (pesticidas, herbicidas, antibióticos…) nos enferma. Un alimento que fuera de temporada está “de oferta” enferma la economía de quien lo cultiva. La agricultura ecológica es el futuro y sobretodo en Cantabria, donde proyectos como Las Lindes permiten preservar el privilegiado ecosistema en el que se integra, crear empleo digno así como bienestar y salud para todos los que semana tras semana reciben en su casa una cesta que piden online pero que prioriza siempre lo local.

 

 

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