Las Excavadas

Oscar Allende, Director de “El Faradio”

 

Las Excavadas: ¿y si pudiéramos evitar un nuevo Puerto de Laredo?

Parece incontestable: no puede oponerse uno a un proyecto que supone la creación de empleo, más aún en un sitio con tantos problemas como Torrelavega y en un momento como este de crisis.

Ese es el argumento al que se enfrentan cada día quienes defienden el paisaje de Las Excavadas, una zona natural y de huertas en la capital del Besaya donde se proyecta un polígono industrial.

A sus defensores les une la misma lucha que a quienes en Santander les preocupaba la senda costera, por preservar aquello que más tenemos en común, el paisaje, el territorio, que nutre nuestra memoria colectiva.

Es un proyecto que, sobre todo, no comprende el tiempo en el que vive: la industria más clásica no está precisamente en apogeo, sino en retirada. Ese modelo de las fábricas hoy sólo es posible si es competitivo: y competitivo en neolengua quiere decir que o metemos dinero público en su carburante o bien rebajamos las condiciones laborales.

Se obvia, por ejemplo, que Torrelavega ya tiene polígonos industriales, como Tanos-Viérnoles, y tampoco está precisamente lleno, así que bien pudiera ser el sitio que acogiera todos esos nuevos proyectos que se agolpan a la entrada de la autovía (al margen de otros espacios industriales en la comarca, que no es que estén a full, como Reocín, sin ir más lejos).

Se habla de parque científico y tecnológico como si fuera un modelo que estuviera funcionando en Cantabria, cuando ni siquiera se ha conseguido llenar el PCTCAN, en Santander, en un espacio que han empezado a colonizar universidades privadas, call-centers y, sobre todo, sedes de la administración, acechando a las empresas, porque todavía no se ha entendido que la innovación no está en los edificios, sino en las cabezas y que lo que hay que hacer no es levantar paredes sino derribar tabiques (mentales).

Por el contrario, frente a esos modelos en retroceso, lo que nos dice la experiencia es que las iniciativas que más aceptación tienen, y que más movimiento generan, las están haciendo esos proyectos más pequeños, ese comercio con talento e ideas que nos hacen demostraciones de fuerza como el entorno del Businness Hub, las sucesivas ferias y markets o eventos como Biotierruca (que consiguió que durante un fin de semana Torrelavega pudiera asociarse al verde en lugar de al gris).

No es la primera vez que Torrelavega se rebela contra un proyecto megalómano: no hace tanto de la lucha activista contra el Centro de Emprendendores, un edificio que tenía detrás de sí una larga historia de cambios de valor del suelo, compraventas y modificaciones a medida para algo, un edificio, que es, desde luego, lo que menos necesita un emprendedor. Ese se pudo parar.

Ahora imaginad, con nuestro historial de errores y pinchazos, todos precedidos de avisos de la sociedad civil y profesional, ¿no podríamos aprender un poco de la experiencia y escuchar un poco antes de decidir sobre algo que afecta a nuestro futuro, nuestros bolsillos y nuestro paisaje?

Es decir, ¿y si por una vez en esta Cantabria en la que siempre estamos “a la cabeza de” y “en el mapa de”, viendo los resultados de lo hecho hasta la fecha (y por hecho hasta la fecha decimos fábricas de fibroyeso quebradas, puertos náuticos vacíos, teleféricos que encarecen entradas y proyectos en lo que lo primero que se piensa es como rescatarlos, planes generales anulados y multitud de sentencias de derribo, en los que ya se nos dijo lo que iba a pasar), pudiéramos adelantarnos y evitar sumar la muesca de un nuevo Puerto de Laredo, el enésimo Alto del Cuco?

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