LA REMONTA

la remontaJesús A. Molinero Barroso, Arquitecto-Urbanista.

Es una belleza la finca de La Remonta con sus terrenos maravillosamente cuidados y sus praderías de gran riqueza fértil y paisajística que debemos ir a contemplar y disfrutar en cualquier momento, aunque sea detrás de sus tapias… mientras podamos. (Mª del Carmen González Echegaray).

 

Dentro del concierto mundial de las ciudades hay algunas de ellas que destacan por las especiales condiciones de su emplazamiento, en particular por la belleza del territorio sobre el que se emplazan, por el singular valor del paisaje que las rodea. Sin ninguna duda Santander es una de esas afortunadas y singulares ciudades.

Emplazada a lo largo de la orilla norte de la bahía a la que da nombre, trepando por las pendientes laderas de las colinas y promontorios que la configuran, la ciudad se abre hacia el paisaje y la luz. Frente a ella, desde la cota cero de la lámina de agua hasta los más de mil metros de altitud de los Montes Pasiegos, se extiende una singular y exclusiva panorámica construida mediante sucesivas cadenas de relieves topográficos con Peña Cabarga en primer plano. Todo un singular y particular escenario natural permanente y a la vez cambiante, no sólo a través de los diferentes colores de la vegetación en las distintas estaciones del año, sino, sobre todo, en función de la luz del Sol o de la Luna, de las nubes y la niebla, de la lluvia y de la nieve.

A pesar de la singular belleza paisajística a la que se asoma, sin embargo, Santander no es una ciudad bella. Su crecimiento en estos últimos cien años, falto de una adecuada planificación y con múltiples carencias de infraestructuras y servicios, ha sido desordenado, con un viario caótico y una trama urbana contrahecha y antinatural en muchos casos, deficitaria de espacios libres y equipamientos públicos. Todo ello es el fruto de una brutal especulación urbanística amparada en la inexistencia de regulación y control municipal.

Por el contrario, en las últimas décadas ha sido la iniciativa ciudadana la que ha luchado por revertir esa situación de carencias y falta de calidad urbana. Así ha sido en Villa Florida, en la Vaguada de las Llamas, en el Parque Mendicuague o en la defensa de la Alameda de Oviedo, actuaciones y reivindicaciones populares que han venido a demostrar que todavía es posible transformar la ciudad de Santander en una ciudad más humana y bella, defendiendo sus valores naturales y dotándola de espacios y equipamientos públicos al servicio de sus habitantes.

Es precisamente en aras de esta defensa y transformación de la ciudad, en donde la finca de “La Remonta”, en unión de los antiguos espacios ferroviarios y portuarios, constituye una singular oportunidad de cambio hacia una ciudad con más valores naturales y humanos, más agradable y bella para sus habitantes.

La finca de “La Remonta” es una verde llanura o vega de unas treinta hectáreas, situada al oeste del casco urbano, a la salida por la carretera vieja de Santander a Torrelavega, al píe de “Peña Castillo”. Hasta la actualidad ha sido una finca destinada al uso agrario. Ya desde finales del siglo XVIII, cuando el primer “Conde de Campo Giro” tenía al lado de su casa sus molinos de mareas, sus manzanos y viñas, que producían una gran cantidad de sidra y “vino de la tierra”, pasando porque en el año de 1921 fue adquirida por la Diputación de Santander, y posteriormente revendida al Ministerio de la Guerra, para instalar allí el Depósito de Sementales de Santander, al objeto de proporcionar sementales -propiedad del Estado- «para el beneficio de la cabaña equina ubicada en las provincias de Santander, Vizcaya, Álava, Soria, Burgos y Palencia». Ultimo destino y uso que se ha mantenido durante 90 años, hasta el reciente traslado de las instalaciones militares a su nueva ubicación en el municipio de Mazcuerras.

Desgraciadamente, el final de su uso agropecuario se ha trasmutado, directamente, en unas expectativas urbanísticas en las que domina la especulación inmobiliaria (1.400 viviendas en bloques de ocho o seis alturas), frente a la protección y puesta en valor de sus singulares condiciones naturales y paisajísticas (solamente algo menos de la tercera parte de la superficie se reserva para jardín público en el interior de la urbanización, en función de las prescripciones de la Ley del Suelo), así figura en la documentación del Plan General de Santander y en el correspondiente Plan Parcial de la finca.

Planeamiento urbanístico que además pretende “justificar” la transformación radical proyectada en base a que las viviendas estarán sometidas a alguna categoría de protección, añadiendo al destrozo de los valores naturales la creación de un nuevo enclave urbano masificado y significado por la exclusión social de sus futuros pobladores frente al resto de los vecinos de Santander.

Sin embargo, teniendo en cuenta los valores naturales de La Remonta, así como los déficits de espacios libres existentes en la trama urbana del conjunto de la ciudad, en especial los ya inducidos por el fuerte crecimiento urbano que se está produciendo en su entorno con los nuevos barrios del 1º de Mayo, Nueva Montaña, Peñacastillo, Adarzo, Campogiro, La Reyerta, Cazoña, etc., la finca debería ser un amplio espacio público de dotaciones (sociales, culturales, deportivas), de espacios libres (parque-jardín), para uso de los vecinos de Santander, conectada mediante viales (peatonales, carriles-bici, etc.), con el resto de la ciudad y, en especial, con los antiguos espacios ferroviarios y portuarios.

Constituyendo así un nuevo y singular corredor de espacios y equipamientos públicos que elimine las carencias de esta categoría de espacios existente en el actual núcleo urbano de Santander, transformándole en una nueva ciudad más equilibrada en sus usos, más humana, más respetuosa con el medio-ambiente y más sostenible. En resumen, una ciudad más bella.

 

 

 

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