La Bahía de Santander

Autor: Diego Cicero. Ambientólogo y Presidente de Asociación RIA
Autor Mapa: Noel Quevedo. Geógrafo.

Si la sociedad cantábrica quisiera mirarse en un espejo no encontraría un reflejo más fiel que el que le devuelven las aguas de la bahía de Santander. Y es que la bahía es un libro abierto para quien lo mira con atención. Un paisaje fruto de la interacción del ser humano y el medio ambiente durante no menos de 120.000 años. Sin embargo, la que fuera una historia milenaria de aprovechamiento sostenible del ecosistema cesó a mediados del siglo XVI para dar paso a una auténtica escalada de violencia ambiental. Las excepcionales características de la bahía como abrigo natural y su ubicación estratégica fueron las razones para el establecimiento y desarrollo de una actividad portuaria de primer orden, precursora a su vez de un intenso desarrollo industrial que, especialmente a partir del desarrollo de la minería del hierro del Siglo XIX, atrajo toda una nueva población de trabajadores procedentes del medio rural. El incremento poblacional trajo consigo el consiguiente desarrollo urbanístico, del sector servicios y de las infraestructuras de comunicación. Un proceso que, motivado por las excelentes cualidades naturales de la bahía, paradójicamente se ha traducido en una sentencia de muerte ilustrada por un dato tan irrefutable como contundente: de un total de 4.110 hectáreas de superficie inundable original hemos destruido la mitad. Media bahía ha sido rellenada, la práctica totalidad de las antes extensas marismas destruidas, y las dinámicas hidráulicas, sedimentarias y biológicas completamente alteradas. Las zonas navegables cada vez más limitadas, la diversidad piscícola y de aves ni sombra de lo que fue, las poblaciones de moluscos colapsadas, los fondos sedimentarios de las rías interiores contaminados y el puntal de Somo cada año más débil ante los temporales.

 

Es evidente que tenemos una cuenta pendiente con la bahía, la misma que tenemos con las próximas generaciones, y que para saldarla no existe otro camino que invertir la dinámica de nuestra historia reciente. Sin embargo, a día de hoy las agresiones no cesan, se aprueban ampliaciones del puerto y la creación de playas artificiales mediante la construcción de diques y rellenos de arena. Seguimos restando bahía mientras tan solo un 3% de la superficie históricamente robada ha sido restaurada.

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