JUSTINA DE LIÉBANA

_MG_7896 mela copiaHaz la prueba. Ve a google y prueba a buscar “Justina de Liébana”. Si tienes tiempo para ir leyendo todos los resultados, te vas a enamorar. Mucho tiempo tienes que tener la verdad, porque hasta la página siete, todas las referencias son exclusivas de esta marca auténticamente cántabra y ecológica. Permitidme la expresión, pero es que “es una pasada” que un producto minoritario como el aguardiente, y además elaborado en ecológico, haya conseguido tanto prestigio y en tan poco tiempo. Prueben a hacer la búsqueda con cualquier otro producto ecológico y verán como lo que les digo es cierto. Esta es su historia en boca de Isabel García Gómez.

“En Liébana se produce orujo desde hace siglos, un arte casero de gran arraigo en una tierra de viñedos y alquitaras en prácticamente todas las familias. Todas y en la mía también. Con la entrada en la Comunidad Económica Europea debíamos adaptarnos a una normativa que regulaba la producción del aguardiente, si queríamos producir para su venta. Mi madre, una lebaniega creadora y creativa, se fue junto a una amiga a recorrer varias destilerías de Europa, con el fin de ver cómo estaban creadas a nivel administrativo y productivo, para de vuelta a la tierruca, poder crear una propia. Y regresó, llena de ideas y planes que puso de inmediato en marcha con la confianza y apoyo de toda la familia. En las primeras instalaciones de Orulisa estaban operativas 40 alquitaras que destilaban aguardiente de forma tradicional, como se hacía en casa desde siempre, con ollejo de uvas del entorno de extraordinaria calidad. Mi madre estuvo al frente del negocio durante unos 7 años hasta que una enfermedad la obligó a ponerse en un segundo plano. Fue mi padre quien tomó el relevo y continuó la línea de trabajo que mi madre había asentado con una marca “Orujo de los Picos” que fue creciendo poco a poco. Unos 20 años estuvo mi padre trabajando con constancia y fidelidad a la tradición hasta que falleció hace 4 años”._MG_7941 mela copia

El sector de las bebidas espiritosas, el mercado y los lebaniegos han reconocido esta trayectoria en numerosas ocasiones, un legado que heredó Isabel, una mujer hija de su madre y nieta de una abuela a la que estaba decidida a rendir homenaje. “No heredé el negocio familia simplemente por perpetuar su obra o garantizarme un ingreso económico, sino con mucha ilusión de poner mi granito de arena tal y como hicieron mis antecesores. Obviamente lo que estaba decidida a aportar, debía ser un proyecto acorde con mis valores. Tengo una hija con dificultades en el desarrollo que es una lección de vitalidad, optimismo así como una continua motivación para cuidar de su salud y por extensión la de toda la familia. Consumimos ecológico conscientes de la importancia de una alimentación sin tóxicos y de gran calidad para un óptimo desarrollo, pero también por supuesto, porque tengo profundos valores de sostenibilidad que debía instaurar en nuestra producción. Así surgió Justina de Liébana, una pequeña producción inicialmente de aguardiente con el ollejo certificado ecológico. Es un proyecto muy personal, con mucho de mí misma y de mi familia, por eso lleva el nombre de mi abuela Justina de Liébana. Pero es mucho más. Siento que hemos conseguido sacar al mercado un producto muy femenino en un sector aparentemente masculino. La impronta de las mujeres de Liébana es sello de calidad de cada una de las botellas que viajan por el mundo bajo la marca de Justina. El marketing que es carta de presentación de Justina está ideado por mujeres, también el departamento de administración. Además es un proyecto que desea tener un impacto positivo en la economía social, por lo que nuestras bolsitas de tela en las que se regala una Justina, están elaborados por personas de inserción social de Manipulados Solidarios. Es un proyecto muy mimado, querido, que deseaba ser sostenible pero a todos los niveles. Mucho trabajo que se ha visto recompensado con reconocimientos como el que nos ha otorgado el pasado dos de octubre el Ministerio de Trabajo, el Premio a la Excelencia de la Mujer Rural en el Ámbito de la Innovación. Estoy muy orgullosa”.

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Y como para no estarlo, no hay medio de comunicación español que no se haya hecho eco del buen hacer de esta empresaria lebaniega soñadora, ética y apegada a la justicia social que no deja de sonreir jamás, ni de trabajar, ni mucho menos de planificar retos coherentes con su profunda concienciación ecológica porque como ella bien dice, “si comes ecológico, has de beber ecológico”. Un buen propósito para brindar por el futuro del sector verde en Cantabria, es hacerlo con un chupito de su aguardiente o alguno de sus licores orgánicos. A tu salud Isabel.

 

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