Habas

Si no has puesto a germinar un haba de pequeña es que no has tenido infancia. Al menos quienes hicimos EGB no nos perdimos la oportunidad de conocer cómo nace la vida en la naturaleza o más concretamente en un yogur, a través de esta fértil semilla que puede mantener su poder germinativo durante 4 o 5 años. ¿No es como un milagro? Pues no, es mejor porque es natural y real. Y lo real es preparar el suelo entre septiembre y marzo limpiándolo de malas hierbas y cavando para esponjarlo. Estas plantas, como el resto de leguminosas, fijan en el suelo nitrógeno atmosférico que quedará disponible para próximos cultivos. Aconsejan poner las semillas a remojo durante 24 horas antes a su siembra y elegir un momento del día a pleno sol para sembrar en líneas de surcos separados unos 70 centímetros, espaciando las semillas unos 40 centímetros. Las enterraremos unos 5 centímetros. Regaremos y nos aseguraremos de mantener el sustrato húmedo hasta su germinación. Y como en el cuento, crecerá y crecerá con un tallo que si bien no llegará hasta el cielo sí alcanzará una altura de hasta 100 cm. Es bello y se adorna de hojas de color verde oscuro y flores de pétalos blancos con una mancha oscura que al cuajar forman un fruto alargado tipo vaina dentro del cual se desarrollan las semillas con forma de riñón. Transcurridos unos 120 días desde la siembra podremos cosechar las habas y cocinar. Si las recogemos pronto podremos consumirlas con la vaina tiernecitas. Si esperamos y ya están secas podremos elaborar deliciosas menestras, revueltos… busca una receta y disfrútalas. Tu cuerpo se beneficiará de altas dosis de vitamina B9 o ácido fólico, hierro, proteínas, calcio, fibra, potasio, magnesio y en general mucha salud y sabor. Y colorín, colorado…

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