GreenPeace

El archipiélago de Amchitka en Alaska, territorio norteamericano, tiene un inmenso potencial ecológico gracias a las colonias de aves marinas que allí habitan. Desestimado con anterioridad por prever inestabilidad sísmica, fue elegido finalmente por la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos para llevar a cabo detonaciones de armas nucleares bajo tierra.

En el año 1965 detonaron 80 kilotones y en el 1969 repitieron prueba ya con 1 megatón. Las pruebas, aparentemente seguras, animaron a planificar otra explosión mucho más potente de casi 5 megatones para el año 1971. Hubo controversia a altos niveles que no fructificaron, de hecho fue el propio Richard Nixon quien autorizó la explosión que costó 200 millones de dólares. Y hubo controversia en buena parte de la sociedad. De hecho los grupos ecologistas se movilizaron por miedo a que la explosión Cannikin pudiese desencadenar graves terremotos y tsunamis.

Un grupo de activistas antinucleares canadienses, algunos cuáqueros y objetores de conciencia estadounidenses refugiados en Canadá para no participar en la guerra de Vietnam, formaron una pequeña organización y decidieron fletar un viejo pesquero, el Phillys Cormack y viajar con él a la zona donde iba a tener lugar la prueba nuclear, para impedir la explosión con su presencia física. Rebautizaron el barco con un nombre que sintetizaba la filosofía del periplo: Greenpeace, palabra que es hoy una bandera en sí misma. Uno de los tripulantes manifestó a la prensa antes de zarpar “Queremos paz y queremos que sea verde”. Pero no llegaron a tiempo. Los guardacostas estadounidenses detuvieron el barco cerca de su destino por el incumplimiento de algunas formalidades menores.

El primer GreenPeace no pudo impedir la mayor explosión subterránea nuclear que se ha llevado a cabo en suelo estadounidense pero algo muy importante se había despertado, la conciencia.

Con casi 400 veces la potencia de la bomba de Hiroshima esta explosión elevó 6 metros el suelo. El hundimiento creó un nuevo lago de más de 1 600 metros de anchura. La explosión provocó un golpe sísmico de 7,0 en la escala de Richter. Desde entonces, Amchitka no se ha usado más para pruebas nucleares, aunque está bajo vigilancia por la presencia de contaminación radioactiva. Hoy es una importante reserva ornitológica.

Como acción directa, la expedición a Amchitka no consiguió el objetivo de detener la explosión. Sin embargo, como estrategia de campaña resultó un éxito extraordinario. En el GreenPeace viajaban dos periodistas que transmitían por radio a sus redacciones. Los canadienses aplaudieron esta acción que canalizaba su rechazo a las pruebas nucleares. Hubo manifestaciones multitudinarias y los estadounidenses se vieron obligados a anunciar que detendrían las pruebas nucleares en la zona. Con este viaje histórico Greenpeace aprendió muchas lecciones que ha convertido en la estrategia operativa que tantos éxitos le ha permitido obtener y celebrar.

 

la sierra

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