EL GRAN ENEMIGO OCULTO DE LA TIERRA

Víctor González Ruiz.

Profesor y activista por los derechos de los animales.

A raíz de los últimos desastres a nivel ecológico, como la disminución de la capa de ozono, el deshielo de los polos y la desaparición frenética de la Selva del Amazonas, entre otros, hay cada vez más personas que han despertado su conciencia y han decidido provocar el menor impacto posible con sus acciones en el día a día.

Ya sea reduciendo el uso del vehículo de combustión privado, desplazándose en bicicleta o en transporte público, tomando duchas más cortas, reciclando todo lo reciclable y, por qué no, ayudando en Internet con firmas de peticiones y donativos para organizaciones ecologistas, qué duda cabe que estamos intentando ser parte de la solución y no del problema.

 

Sin embargo, hay una industria que emite más CO2 y metano que todos los medios de transporte del mundo: coches, camiones, trenes, barcos y aviones, combinados. Una industria que es la causante de la deforestación de la selva del Amazonas en un porcentaje del 90% sobre lo explotado, arrebatando el hábitat de miles de especies animales y tribus humanas, que han desaparecido para siempre. Una industria que todos hemos financiado, sin mala intención, sino por desinformación, y que la mayoría de habitantes del planeta sigue financiando, gran parte por ignorancia sobre lo que acarrea, y otra pequeña parte, por desgracia, por egoísmo y dejadez.

 

Esta industria tiene nombre y apellido y es conocida por todos: es la ganadería.

 

¿Cómo es posible? Es cuestión de eficiencia calórica y de sostenibilidad. Por poner un ejemplo rápido, se utilizan 16 kilos de cereal (trigo, avena y sobre todo soja) para “producir” un sólo kilo de carne. Las vacas, cerdos, pollos y demás animales, injustamente considerados “de consumo” y cruelmente utilizados para tal fin, ingieren mucha más comida que la que necesitaríamos para alimentarnos si comiésemos directamente los cereales. Por lo tanto, estamos cultivando 16 veces más plantas de las que necesitaríamos para vivir, y destruyendo 16 veces más terreno, talando 16 veces más hectáreas de selva, desperdiciando 16 veces más agua en cultivos, y produciendo en total el 51% de los gases de efecto invernadero de todo el planeta. Sólo hay que tener en cuenta que existen 70.000 millones de animales “de consumo” en el mundo, emitiendo metano (sobre todo las vacas), y que además se desperdician toneladas de combustible para transportar su alimento de un continente a otro.

 

Sí, de rebote, mientras los países productores de grano sufren hambruna, su producción es destinada casi en su totalidad al ganado de América del Norte y Europa. Unos mueren de hambre mientras otros se inflan a carne, y a su vez somos bombardeados con peticiones de ayuda desesperadas por parte de las ONGs que se dedican a intentar tapar el mar con murallas de arena. Mientras no haya un cambio de conciencia y de hábitos de consumo en el llamado primer mundo, no cesarán la desigualdad y las injusticias.

 

Como conclusión, se puede afirmar sin miedo que alguien que se considere ecologista debería rechazar por principios y sin dudar cualquier producto de origen animal. Aunque no se quiera dar importancia, que la tiene y mucha, al sufrimiento de miles de millones de animales que nacen y mueren en cautividad entre sufrimientos por satisfacer nuestro paladar, o incluso aunque se quieran desoír las advertencias de la OMS y las principales autoridades sanitarias a nivel mundial, que ya han advertido de la toxicidad de la carne y sus derivados, y de los cientos de estudios que asocian directamente enfermedades como el cáncer, diabetes, hipertensión, infartos, obesidad, gota y muchas más, al consumo de productos de origen animal, aún si tan solo tuviéramos en cuenta el daño que le hacemos a nuestro planeta cuando financiamos la industria que más lo está destruyendo, y pensamos en qué mundo queremos dejar a nuestras futuras generaciones, lo más sensato y correcto es dejar de financiar el actual sistema alimentario, obsoleto, injusto y tremendamente destructivo y cruel a la par que insano, y elegir una dieta basada en vegetales.

 

Por el bien de nuestro planeta, de nuestra salud, y de las decenas de miles de millones de animales inocentes, víctimas de nuestra gula, lanzo un ruego a la humanidad. Seamos ecologistas. Seamos sanos. Seamos compasivos. Seamos coherentes. Por el bien de todos, seamos veganos.

 

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Información y fuentes:

https://cowspiracydatos.wordpress.com/2015/05/02/cowspiracy-el-secreto-de-la-sustentabilidad-datos-extraidos-del-documental/

http://www.animanaturalis.org/

http://www.vivevegano.org/

Libro: El Estudio de China. Dr. T. Colin Campbell y Dr. Thomas M. Campbell
Documentales de interés: Cowspiracy, Earthlings, Forks Over Knives.

Youtube: “Leche que no has de beber”.

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