Gigantes en Cantabria.

Este entorno natural fue creado de forma artificial y por motivos económicos en el año 1940. En el Monte Cabezón se plantaron de forma experimental especies madereras orientadas a la producción industrial con el objetivo de comprobar su adaptación al medio. Se buscaba un crecimiento rápido para repoblaciones en terrenos de aprovechamiento forestal. El área escogida para ensayar la adaptación de las Secuoyas fue en el municipio de Cabezón de la Sal con una superficie de 2,47 hectáreas. Se plantaron 848 ejemplares que con el paso del tiempo han formado una masa en estado seminatural de excepcional belleza y valor ecológico.

Sequoia, Sequoiah, fue un indio cheroquee educado en Georgia del siglo XIX que inventó un alfabeto para el dialecto de su tribu. En su honor se bautizó a la Secuoia Sempervivens, árbol robusto con copa piramidal de entre 50 y 100 metros de altura y originaria del Pacífico de los Estados Unidos. Los troncos son rectos, muy gruesos invitando al abrazo colectivo, de corteza oscura y esponjosa que se desprende en placas irregulares descubriendo otras de color rojizo. Hojas planas y de un verde oscuro con dos bandas blanquecinas. Al final del invierno florecen y maduran las piñas en el otoño siguiente. Sus flores femeninas son verdosas y más grandes que las masculinas y amarillas. Este bosque de árboles gigantes y aún jóvenes impresiona por encontrarnos en un entorno de seres vivos que podrán superar el millar de años. Pasear entre las secuoyas es una lección de humildad, un baño de insignificancia frente y un aprendizaje consciente de la importancia esencial de proteger la naturaleza como único legado para futuras generaciones.

Declaradas Monumento Natural en el año 2003 se facilitó la conservación de este excepcional ecosistema que desde hace poco se ha convertido en destino turístico imprescindible.

Pasea este bosque, disfruta de su energía, envuélvete en sus sombras, recarga energía con un abrazo a estos árboles llenos de juventud y madurez, piérdete en los saberes que acumulan en sus plácidos silencios y por supuesto deséales veranos sin incendios, visitas sin ruidos ni residuos, lluvia abundante como alimento, escasa contaminación para respirar saludables y que el paso de los años les permita seguir creciendo majestuosos y mágicos.

 

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