Editorial

12357186_795622283879517_4747503276654847760_oPocos sonidos hay tan armónicos como el del hervor de una tetera cuando deseas templar el alma. Pí, pí, pí… Me siento, ratón en mano y té en boca, decidida a editorializarnos sin caer en redundancias ni pretensiones excesivas. Lo peor sería crear falsas expectativas.

Degusto un sorbito y pienso en tomarme estas líneas con calma, como todo, porque a estas alturas ya he aprendido a que despacio se llega antes y de forma más equilibrada. Las prisas nos pervierten e impiden que disfrutemos, respiremos cada momento como único y dificulta que convivamos con nosotros mismos en armonía.

El té está medio lleno y vislumbro el año que comienza como una oportunidad así que por supuesto cerramos esta etapa con optimismo. Parir siempre es bello, traer vida a la vida y desde luego haber gestado este proyecto es motivo de celebración. Celebremos por el aprendizaje continuo en un proceso bidireccional en el que hay que ir desaprendiendo todo lo que creíamos certezas y realidades.

Bailo al aire la melena que ya no tengo y dejo de mirar hacia atrás olvidando que cuando te duele la cabeza hay que tomar un fármaco, que para estar en forma hay que hacer pesas, comer carne para obtener proteínas, pincharse botox para alcanzar la eterna juventud o vestir de ropa hecha por niños esclavizados si deseamos lucir la marca del año. Son topicazos que continúan rigiendo la vida de la mayoría de las personas con las que convivimos y a las que sobrevivimos.

Hacia delante camino expectante y ávida por ir interiorizando sabidurías y actitudes ancestrales, naturales, sostenibles y ecológicas con las que afrontar la vida de una forma saludable, feliz y acorde con los valores del buen vivir.

Apuro el último sorbo de té. Me propongo engatusaros con nuestra publicación por muchos motivos pero quizá hoy, guiada por mi sabio estómago, me apetezca realizar una imprescindible mirada a la soberanía alimentaria, pues es necesario recuperar la capacidad de decidir a las gentes, apostando por un mundo rural vivo, con total respeto a la “madre tierra” y en alianza y solidaridad con los otros pueblos. Me gusta pensar que cuando uno decelera, el mundo gira más despacio, que cuantos más frenemos las carreras sin sentido, más seremos los que aprendamos a respirar, vivir con consciencia y decencia para ir reverdeciendo el mundo para poderlo legar con dignidad y orgullo.

 

 

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