Decepción por un acuerdo mediocre en Paris.


La cumbre del clima de París celebrada ayer fue una fiesta a la que los ecologistas asistimos virtualmente con los dedos cruzados por si finalmente podíamos brindar y celebrar que reinaba el sentido común entre nuestros gobernantes. Hoy es día de resaca, nos duele a todos la cabeza porque martillean los vagos y vacíos compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que ni siquiera son vinculantes. Han ratificado un texto sin herramientas eficaces para luchar contra el calentamiento global y muy mediocre, ya que se conforma con no sobrepasar los dos grados de aumento de temperatura, que sabemos insuficientes para frenarlo y garantizarnos un margen de seguridad. Nos hemos desayunado hoy un ibuprofeno y titulares optimistas “engañabobos” en los que se festeja como 196 gobiernos se comprometen a alcanzar el techo de emisiones de gases invernadero lo antes posible. Es como una broma. Ya decía un compañero que esto es como decirles a unos alumnos que estudien mucho todo el curso pero que no va a haber exámenes sino que se confía en su responsabilidad individual. ¿Creemos que nuestros gobiernos van a estudiar mucho sin exámenes a la vista? Eso sí, habrá un controlillo para ver cómo van las tareas de descarbonización allá por el 2020. Es como una gran broma sin gracia. Se continúa por tanto sin apostar por la justicia climática y perdemos por tanto en justicia social. Es un círculo vicioso que precisa para transformarlo en virtuoso de una transición hacia un nuevo modelo basado en las renovables y que se ajuste a los límites planetarios. Otro lastre para el desarrollo de las energías renovables, que son el único futuro posible y sostenible, es haber dotado de financiación al acuerdo pero sin haber restringido los sectores a los que apoyar, con lo cual estas dotaciones económicas, podrán ser usadas para impulsar falsas soluciones, como la geoingeniería o la captura y almacenamiento de carbono. El clima está mercantilizado y el ecologismo atado de pies pero no de manos. Es tiempo de movilización porque en nuestra capacidad de alzar la voz y presionar está el futuro de nuestro planeta, hábitat único no ya para generaciones venideras, sino para éstas ya nacidas que hay islas que no podrán visitar jamás porque están sentenciadas a desaparecer. El texto de ayer, gloria de unos y disgusto de otros, debe ser ratificado por todos los países la próxima primavera, entrará en vigor como decíamos en el 2020 y será revisado cada cinco años. Así que es deber de la ciudadanía empoderarse en la lucha por exigir una regulación más realista y ambiciosa que pueda garantizarnos el cumplimiento de los compromisos hacia una justicia climática y por tanto social.


 

Información de interés:

Tratado firmado por los países participantes.

Opinión de Ecologistas en Acción 

 

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