Bio-Lógico

De la palabra “biológica” me gusta casi todo. Soy sumamente pragmática y necesito enormes dosis de raciocinio en todo mi hacer. La lógica por sí misma podría ser el motor del cambio con un poquito de ética y un mucho de sensibilidad. Si fuera el medio y no el fin, habría poco margen para los sin sentidos, y la cadencia del desarrollo tendría un ritmo sostenible y respetuoso con los límites del planeta y de todos los seres sintientes que lo habitamos. En tanto que no es así, a lógica hay que precederle de bio para poner el acento en la necesidad de saber que sólo produciendo, consumiendo, pensando, planificando y actuando de forma sostenible podremos detener la marcha incuestionable de nuestro planeta hacia un colapso globalizado. Manos a la obra, el gran cambio comienza en ti, en tus actos, en cómo comes, dónde compras, la ropa que te pones, la educación que ofreces a tus hijas… de lo local a lo global, todo cuenta. Más despacito llegaremos más lejos. Modificando costumbres propias de un sistema caduco con hábitos tan cuestionables como movernos por el mundo en nuestro coche particular, privado, solitario, además viejo que, contamina más, y usándolo para todo. Como si no hubiera alternativas… Lo sano que es caminar, ir en bici o en transporte público. Siempre hay alternativas, abandonemos nuestro acomodo y evitemos, en la medida de lo posible, ir solos en el coche. Si el transporte público no nos da el servicio que necesitemos, al menos compartamos nuestro vehículo. Se está poniendo de moda, bendita moda esta que permite un uso más lógico, biológico, de una necesidad la del transporte que podemos convertir en una práctica más sostenible, asequible, cómoda y sobretodo menos contaminante.

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